miércoles, 10 de diciembre de 2008

¿Un gobierno de concentración para el País Vasco?

Los foros del Diario Vasco han estado muy animados estos días. Allí planteé la posibilidad de que se formase un gobierno de concentración en Vitoria hasta que desaparezca ETA. Suena tremendista, pero...

Supongo que con un poco de calma y distanciamiento a nadie se le escapa que la situación del País Vasco es completamente anormal. No hay otra región en el mundo que goce de tal nivel de autogobierno y tal nivel de vida, de comodidad material, que a la vez albergue un movimiento terrorista clandestino.

Por abreviar, dejemos a un lado de momento la cuestión de la nacionalidad vasca, su relación respecto del Estado y otros deseos, y centrémonos en la realidad. El ciudadano vasco, por lo que se entiende la persona residente en el País Vasco independientemente de su origen, lengua, raza, condición, etc., vive, en principio, en unas condiciones reales y actuales de Estado de derecho. Hay un sistema jurídico y legal, un nivel de libertad de prensa, de libertad educativa, de libertad de expresión que son, con sus defectos y todo, comparables al de cualquier sociedad occidental.

Desde ese punto de vista el mayor problema en la vida cotidiana en el País Vasco es ETA.

El motivo es que ETA condiciona toda la vida cotidiana del País Vasco. En una sociedad normal, según el modelo occidental al menos, uno puede disentir sobre cualquier cosa sin necesidad de recurrir a la violencia. Los debates políticos y sociales pueden ser todo lo intensos que se quiera, pero la intimidación a causa de la violencia, implícita contra los que no estamos de acuerdo con los planteamientos del nacionalismo, los corrompe y los invalida.

Sé que a muchos nacionalistas les incomoda oír esto, a algunos hasta les duele, pero a nadie se le escapa que hay cierto solapamiento entre los objetivos políticos de ETA y su entorno, y el partido que gobierna desde Vitoria desde hace casi 30 años. En ese aspecto el País Vasco también es extraordinario: cabría esperar que el partido del gobierno de una región y el movimiento terrorista clandestino de esa misma región tuvieran visiones políticas radicalmente opuestas. Al contrario: si nos ceñimos a cuestiones como la territorialidad o la independencia, sin tener líneas políticas idénticas, a largo plazo sus objetivos son, como mínimo, compatibles.

La cuestión es en qué medida dejan de ser legítimos los deseos políticos del nacionalismo democrático por culpa de ETA. El militante nacionalista podrá aducir que qué culpa tiene él de que exista ETA, que no tiene por qué cambiar de ideales por ETA o, como se ha argumentado en ocasiones, la respuesta "democrática" ante ETA es comportarse con normalidad, como si no estuviera. Pero el hecho es que está. Y resulta imposible legitimar unas aspiraciones políticas de la magnitud de una independencia o una variación de la territorialidad actual, cuando en el mismo bando hay gente blandiendo armas, matando y extorsionando.

El futuro del País Vasco se puede desdoblar en dos aspectos: uno, que el Gobierno de Vitoria tendrá más o menos competencias, y mandará sobre más o menos territorio; y dos, que sus ciudadanos gozarán de un determinado nivel de libertad real a la hora de desarrollar sus vidas. Es evidente que para un individuo la prioridad debería ser el régimen del libertad que disfrute, independientemente de cómo estén repartidas las competencias entre las diversas Administraciones (local, provincial, autonómica, estatal y europea), y por culpa de ETA ahora ese régimen de libertades se debilita día a día. Al simpatizante nacionalista le toca preguntarse en qué condiciones quiere que llegue su sociedad a las puertas de la independencia (o cualquiera que sea su ideal).

Por eso creo que debería constituirse un Gobierno de concentración en Vitoria hasta que desaparezca ETA. Sería una señal clara de que con armas no se llega a ningún lado. Una señal también de que los partidos que representan a la inmensa mayoría de la sociedad vasca tienen en común la idea fundamental e innegociable de que lo primero que se quiere para sus ciudadanos es una sociedad, abierta, libre y democrática, independientemente del estatus jurídico o político que tenga en el futuro.

Mucho se ha hablado en los últimos tiempos de Irlanda del Norte en el País Vasco, generalmente de forma sesgada. El Gobierno de esa región es, a todos los efectos, un Gobierno de concentración. Las reglas se han diseñado de forma que hay partidos protestantes y católicos en el Gobierno. Pero aun más importante es una condición que se ha cumplido allí, y que debería tenerse muy presente a la hora de hacer comparaciones: cuando se establecieron las instituciones del Gobierno de Stormont en el Acuerdo de Viernes Santo, fue con la condición de que se suspenderían si una comisión independiente, constituida en virtud de dicho Acuerdo y bajo la dirección de un General canadiense, consideraba que las organizaciones terroristas no se habían desarmado.

Dichas instituciones estuvieron suspendidas cuatro años, entre 2002 y 2006, y el actual gobierno se formó tras el anuncio del Ministro británico para la región en aquel momento, de que se iban a suspender los sueldos de los miembros del Gobierno y la Asamblea de la región.

¿Se imagina alguien hacer lo mismo en Vitoria?

En el País Vasco disfruta del mayor nivel de autogobierno de cualquier región de Europa ininterrumpidamente desde hace 30 años, conviviendo a la vez con las actividades de un grupo terrorista.

¿Que incentivo hay para que cambien las cosas?

sábado, 6 de diciembre de 2008

La Consti cumple los 30


Ésa es la Constitución que hay en mi casa. La que se repartió gratuitamente hace 30 años, y que hace ese tiempo, tal día como hoy, aprobamos los españoles.

La española no es una democracia perfecta. Nos falta fondo, sustrato, tradición de democracia. Por muy orgullosos que estemos de la transición, España sigue funcionando con instintos y reflejos heredados de tiempos anteriores (no sólo de la dictadura, la II República tampoco fue para tirar cohetes).

Hace sólo unos días que ETA cometió un asesinato en Azpeitia. Me gustaría tener una máquina del tiempo para plantarme en el 76 con una portada de periódico y enseñársela a la gente de entonces, a los del PNV de entonces, a los padres de la Constitución... incluso a los de ETA de entonces (muchos de la actual ETA ni siquiera había nacido), a ver qué cara ponían.

Ahora que llevamos 30 años de Constitución puede ser un buen momento para que la gente de cierta edad haga memoria, haga balance y nos cuente a todos si creen que, con sus imperfecciones, ha sido positiva o no.

Y en el País Vasco, ojalá la gente que allí sigue teniendo un odio irracional al documento que en buena parte hace que sus comfortables (eso es lo que a ellos les parece) vidas sean lo que son, se den cuenta de que su enemigo no es el que piensa distinto, o tiene apellidos "de fuera", o no habla euskera, sino el que no duda en recurrir a las armas cuando no se hace lo que se le antoja.

viernes, 5 de diciembre de 2008

"Lo normal"

El 20 de enero es el día de San Sebastián (queda como mes y medio). En Azpeitia se ha importado la tamborrada de de la capital de la provincia con la excusa de que la parroquia del pueblo está bajo la advocación del santo de Ostia. En San Sebastián se supone que se conmemora la ayuda de las fuerzas inglesas para terminar con el asedio francés. Como se ve en la foto de la tamborrada de Azpeitia del año pasado, la cosa ha evolucionado.

Fuente: Uztarria.com

En el País Vasco nadie se alarma (o lo sufre en silencio, como las hemorroides) si se saca a niños a pelear batallas políticas de adultos. Es "lo normal". El impune despliegue de proclamas a favor de los presos, no por ser presos, sino por ser de ETA, porque son "de los nuestros", también es "lo normal".

Todo eso es "normal" porque nadie dice nada. Se dan vivas a asesinos. Nadie dice nada. Y los que callan no se dan cuenta de lo que eso pudre.

Ahora mismo estamos todos golpeándonos el pecho por el asesinato de Uría. Pero antes de que pasen seis semanas habrá vecinos del asesinado que estarán mostrando en público su apoyo a los correligionarios de sus asesinos. El resto nos habremos olvidado de Uría, y supongo que su familia se irá de vacaciones a alguna playa con sol.

"Lo normal".

jueves, 4 de diciembre de 2008

Presentación a contrapié y una recomendación

Esta bitácora ha nacido a raíz del asesinato de Ignacio Uría en Azpeitia. Hacía tiempo que venía dándole vueltas, pero este hecho ha precipitado las cosas. Por eso los primeros posts van a ser sobre el tema vasco, pero espero que la cosa se vaya diversificando con el paso del tiempo.

En los foros de los periódicos se están leyendo cosas con mucho sentido común, pero lo cierto es que a día de hoy es difícil ser optimista. Como he dejado dicho por ahí, la sociedad vasca mira para otro lado, la mayoría de los individuos que viven en el País Vasco ignoran el problema con el que están conviviendo hasta que les toca de cerca, y de lo que no se dan cuenta es de que convivir con el asesinato impune y esa dinámica de muerte, encogimiento de hombros y vuelta a empezar, es un proceso acumulativo que está pudriendo la fibra moral del país.

Para quien quiera saber lo que le ha caído encima a los Uría y, antes que a ellos, a las familias y amigos de los casi 1 000 muertos de ETA, les recomiendo Los peces de la amargura de Fernando Aramburu (Tusquets), una serie de relatos que retrata a la perfección el aturdimiento moral en el que vive la gente en el País Vasco. Aquí hay un resumen excelente de lo que es el libro.

La selección de Euskal Herria... "lo normal"

Nosotros queremos representar a una nación de siete territorios y 21.000 kilómetros cuadrados, cuyo nombre a día de hoy es Euskal Herria

Yo ya no sé si es el postmodernismo o qué. Que yo sepa, la nación llamada "Euskal Herria" no existe. Respeto a quien quiera que exista, en serio, y no tengo inconveniente en que exista, pero a día de hoy es lo que hay.

Metiéndonos un poco en harina, parece que ya no se respeta nada. A don Sabino se le ocurre lo de las siete provincias, le pone de nombre Euzkadi (con "z", lo de la "s" es para aguar el origen peneuvista del palabro), y ahora vienen éstos a decir que no, que eso es Euskal Herria. A mí me suena que Euskal Herria no tiene connotaciones políticas ni territoriales, y que originalmente se refería a las gentes que hablan euskera, pero bueno, estoy pensando en voz alta y lo mismo me equivoco.

Los que hayan probado a vivir en el País Vasco sabrán que lo normal es que uno ame el euskera y que si uno no lo habla, que por lo menos lo aprendan los hijos. Que lo normal es que uno tenga cuadrilla. Que lo normal es salir a tomar unos cacharros. Que lo normal es cenar en la sociedad. Que lo normal es que haya pancartas y pintadas a favor de los presos. Que es más normal ser nacionalista que no serlo. Que lo normal es vestirse de caserito en Santo Tomás, ser del equipo de aquí, no usar nunca la palabra "España" y nunca combinar los colores rojo y amarillo (que de todas maneras y siendo justos cantan bastante, la verdad).

La pregunta que tengo yo, no para contestar, sino para que piensen ellos, es: de esos casi 200 deportistas que han firmado lo de la selección ¿cuántos han firmado porque creen de corazón en lo que han firmado y cuántos lo han hecho porque no han podido/sabido/querido negarse, por apuro ante el qué van a decir/y si me toman el nombre?

En otras palabras: ¿cuántos apoyan a una selección vasca de las siete provincias porque es "lo normal"?

¿Por qué han matado a Uría?

"Su empresa participa en las obras de la Y vasca"

"Era un empresario capitalista"

"Algo habrá hecho"

"Era buena persona"

"En el pueblo le conocía todo el mundo"

Supóngase un país con pena de muerte. Supóngase que en ese país, se sentencia y ejecuta a alguien por tener una empresa. O por tener una empresa que participa en la construcción de una vía férrea. O por alguna acusación no probada. O porque le cae mal a alguien.

Una brutalidad, ¿verdad?

Pues bien. En el País Vasco no sólo es brutal que se haya matado a una persona de 70 años por las buenas. Tan brutal -de bruto- es eso como que la gente se agarre a los argumentos que he expuesto al principio, que la gente no se dé cuenta de que da igual que fuera un santo o un cafre, que fuera nacionalista o falangista, que tuviera o no antecedentes criminales... en todos esos casos, en cualquier caso en realidad, no hay derecho a que venga alguien, se erija en juez (¿designado por quién?) y mate a alguien.

La oposición a la Y vasca no es más que otro intento más de aislar el País Vasco del resto del mundo, de mantener la trepanación de una región que necesita con urgencia que corra el aire, oxigenarse mentalmente. No nos olvidemos de lo que pasó con la autovía de Leizarán, que tras las consabidas dosis de gamberrismo cuál fue el resultado: que se construyera la autovía de todas formas, con un trazado más elevado y por tanto expuesto a las nevadas (y para colmo, el inicio de la carrera política de los chicos de Elkarri).

En realidad, no está claro que esta muerte se deba a la Y vasca, o a una negativa a un posible intento de extorsión por parte de ETA.

Lo paradójico es que Altuna y Uría es una empresa emblemática del Valle del Urola, como lo pueden ser o haber sido Danona o Marcial Ucín, que ha gozado de una buena relación con el poder político, lo cual es posible que haya contribuido a su buena marcha.

Lo triste es que en el País Vasco no es lo mismo que se asesine a un empresario "del pueblo" que a un concejal del PP, por el mismo motivo que hizo que el secuestro de Julio Iglesias Zamora fuera un punto de inflexión. Lo triste es que ahora mismo, en el mismo pueblo de Uría, hay alguien que se alegra. Lo triste es que muchos se encogerán de hombros, y algún necio pensará "algo habría hecho".

La situación en el País Vasco es la siguiente: hay elecciones cada cuatro años para tres instancias, estatal, autonómica y municipal. Hay partidos, sindicatos, una sanidad pública y una policía. Hay un sistema educativo y un sistema judicial. Se mire como se mire, sobre el papel, TODOS sus ciudadanos viven en un Estado de Derecho.

Que siga existiendo una organización de matones, se debe al apoyo activo de unos pocos, a la connivencia pasiva de muchos y a que no ha habido una voluntad firme del Gobierno Vasco de acabar con ETA: son casi 30 años de PNV con muchas competencias a su alcance. No se puede gobernar sin que a uno le exijan responsabilidades.

¿Por qué han matado a Uría? Porque han podido. Porque era mayor, no tenía escolta, tenía una rutina fija y la carretera de Azpeitia hacia Zumárraga tiene sus ventajas si se conoce bien.

Pero sobre todo le han matado porque los habitantes del País Vasco siguen permitiendo que ETA exista.